Un Banco que lucha contra el hambre

"Hasta un tercio de todos los alimentos se estropea o se desperdicia antes de ser consumido por las personas, en el mundo." según la FAO.

Un exceso que es contradictorio en un mundo en donde casi mil millones de personas pasan hambre, según datos de la misma organización, y representa una pérdida de mano de obra, agua, energía, tierra y otros insumos utilizados en la producción de esos alimentos.
En 1967 se crea el primer banco de alimentos en Arizona, EE.UU, desde ahí la idea se multiplicó y en Quito, hace 14 años, Alicia Guevara, docente de la Universidad Politécnica Nacional junto a varios amigos deciden iniciar con el Banco de Alimentos de Quito, siendo el Mercado Mayorista de la ciudad su punto de principal de captación. 

Hoy en día benefician a más de 2000 familias capitalinas que adquieren alimento recuperado y procesado a precios módicos, o cómo ellos lo llaman, por una cuota solidaria. Con estos ingresos, el Banco de Alimentos de Quito se ha autogestionado durante más de una década.

El apoyo de la empresa privada también ha permitido que el Banco llegue a más familias necesitadas y a la par, los comerciantes y empresas se benefician, ya que no deberán incinerar el alimento, un procedimiento costoso y dañino para el medio ambiente.

El alimento que se recupera puede ser procesado en pulpa, en el caso de las frutas; carne con proteína de soya y hasta galletas. Este trabajo que nació "por la urgente necesidad de aprovechar mejor los recursos alimentarios, ya que en Quito se desperdician diariamente 2 toneladas de alimento totalmente apto para el consumo humano, es fundamental ya que el 60 % de los ecuatorianos no tienen la seguridad de obtener el alimento diario", explican en su página web.

¿Cómo colaborar?

Todos los sábados se dan cita en el Mercado Mayorista para recolectar alimentos, así que siempre se voluntarios. Pero también, se pueden hacer donaciones permanentes de alimento no perecedero como enlatados, gelatina, botellas de aceite, granos secos como: avena, quinua, lenteja o canguil. Además se pueden hacer aportes económicos que permiten, por ejemplo, adquirir alimentos que generalmente no se dona para complementar la canasta.

El alimento es indispensable, nuestra ayuda también.

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Escrito por: Lucía Atapuma



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